Vas a recoger la ropa de la lavadora cuando la tormenta está a punto de estallar. El viento te golpea en la cara, caminas rápido para intentar evitar la lluvia. Demasiado tarde, cuando estás sacando la ropa de la secadora, oyes el fuerte ruido del agua chocando contra el suelo.
Por suerte, tu bolsa es de plástico y la ropa recién lavada no se te mojará. Corres bajo la lluvia y cuando llegas a la puerta de tu residencia estás empapada. Y una vez en el edificio te das cuenta de que no tienes la llave de la habitación.
Dejas la bolsa de ropa en el pasillo y vuelves a correr bajo la lluvia hasta la lavandería. Cuando llegas estás totalmente empapada. Como en las películas, el pelo te chorrea, tu camiseta se pega (por suerte no es blanca, piensas), la falda y las bambas pesan. Ya tienes tus llaves y tienes que volver a tu residencia.
Esta vez ya no corres, total, ya no tiene remedio. Caminas bajo la lluvia, notando cada gota que cae encima tuyo. Te acuerdas de la primera escena de "Mi vida sin mí", esa en la que Ann está empapada bajo la lluvia. La lluvia es cálida y además sabes que en unos minutos te podrás secar. Como Ann, nunca pensaste que disfrutarías al sentir el agua calarse por tu ropa.