No sé si conocéis la canción de Bunbury "El extranjero" , en el caso que no la conozcáis, os recomiendo que la escuchéis.
Cuando tenía 15 años recién cumplidos salí por primera vez de nuestro país. Miento, la primera vez no sé cuando fue, pero fue a Andorra y la ignoraré por razones obvias (sin querer ofender a ningún andorrano...). La cuestión es que cuando tenía 15 años me fui de intercambio a Alemania, a un pueblecito que se llama Kempten . Estuve allí quince días, practicando el poco alemán que sabía. Fue una experiencia que me "marcó". No recuerdo nada especial, la verdad, recuerdo el lago Constanza, la Marienplatz de Múnich, el frío yendo en moto, los Pretzel, los Kässespätze y poco más. Lo que más recuerdo de mi visita a Alemania fue la vuelta. Mis amigos me empezaron a llamar "la alemana". Y eso me chocó muchísimo: allí era la española y aquí la alemana. Descubrí que esa sensación tenía algo de atractivo.
En primavera del 2002, con 17 años fui de viaje de fin de curso a París. Aquí no tuve tanto choque a la vuelta, al fin y al cabo, era un viaje que había hecho con algunos de mis amigos y demás compañeros de clase.
El verano de 2002, fui a York, en el Reino Unido, también 15 días. Mis amigos se empezaron a cachondear ya más de mí: con solo 17 años, apuntaba maneras de viajante empedernida. Descubrí una de mis grandes pasiones: el Reino Unido. No lo puedo negar, tendrá muchas cosas malas: la comida, el tiempo, la -mal interpretada- hipocresía... Pero a mí me fascina.
Mi siguiente viaje no fue hasta el 2004: mi ya famoso erasmus en Exeter. No voy a añadir nada que no haya escrito ya, creo que me repitiría.
Luego, contínuos viajes a Italia de 2005 a 2006 por motivos ya comentados también en este blog.
Mis amigos ya no sabían si era española, catalana, barcelonesa, alemana, italiana, inglesa... Quizás ni yo lo sabía...
Y mi última gran experiencia en el extranjero: Londres.
¿Planes de viajes inmediatos? En junio me voy a Lisboa con mis amigas de la carrera, para celebrar que ya habremos acabado (o casi). En agosto, vuelvo a Alemania, a Düsseldorf, a hacer un curso de alemán con una beca del ministerio (aprovechemos, que me queda para aprovecharlas).
Y, ¿todo este rollo a qué viene? Pues que hoy, como muchos otros días, estaba escuchando la canción de Bunbury que he dicho al principio y, como siempre que la escucho, me he sentido muy identificada. Pero desde hace unos días tengo un poco de "miedo" a esta inestabilidad en la que, por otro lado, me gusta vivir. Nadie me obliga a viajar, simplemente el cuerpo me lo pide, pero sé que también me estoy perdiendo cosas aquí también.
Y es que mi madre ya me lo decía desde pequeña: "Tú quieres estar en todos los lados". Las madres, aunque nos joda, (casi) siempre tienen razón.